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May 01

Razones de la escenificación de la: “Aparición de la Virgen de Guadalupe en La Gomera”

Razones de la escenificación de la: “Aparición de la Virgen de Guadalupe en La Gomera”

En la vida de los pueblos hay acontecimientos que se perpetúan en el tiempo como este que contamos de la aparición de la Virgen de Guadalupe en Puntallana (La Gomera).

Quiso y quiere ser esta representación, cada cinco años, el espejo de uno de los acontecimientos más racionalmente narrados a lo largo de los siglos, por medio de la sabia transmisión oral de nuestros antepasados.

Esta ruta tricontinental y mariana que tiene su origen en el río escondido de las Villuercas cacereñas, se ancla en esta Puntallana nuestra de la Gomera y se proyecta hasta la nueva España, ese México del indio Juan Diego, quien también la hace suya, completando así el mayor ciclo devocional de una cultura.

Un pueblo como los nuestros de las Canarias huele y respira la mar con ese aroma especial ribereño, de este tenebroso Atlántico, que nos embriaga.

Esa mar que sabe de idas y vueltas de emigrantes e inmigrantes que van o que vienen, que llegan o no. Que sabe de pescadores, de marineros, de sal, de tormentas y de calmas. De alegrías, de tristezas, de amores y desamores, del sonido de habaneras y de la carcajada de nuestras chácaras, o del ronco acento del tambor.

Esa mar de las tres orillas, que escogió a la Virgen de Guadalupe como su talismán y Patrona.

Y es como embebido de esa mar, se nutre esta obra gracias a los textos, que leyera en mi infancia y de los que parte de ellos escribiera mi extinto progenitor, Evaristo Lino, (q.e.p.d.) y que dicen así:

“… existe en La Gomera, dentro de su Villa-capital, en el paraje de Puntallana, una ermita, levantada por la piedad del primero de los condes, Don Guillén Peraza de Ayala, le otorgó arbitrios y dentro de su reducido recinto una milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, sobre cuya aparición por aquellas desiertas playas se mantiene hoy todavía y la nimba, una poética leyenda….

“…Cuando una nave española pasaba frente a la costa de Puntallana en su ruta a América, un centinela observó como unos resplandores provenían de este lugar. Avisada la tripulación, el capitán ordenó la detención de la embarcación y el traslado a tierra de algunos marineros que le acompañasen. Al llegar al punto indicado, comprobaron que la misteriosa luz salía del interior de una cueva, próxima a la orilla, donde se encontraba la imagen de la Virgen con el Niño en brazos. Impresionados cayeron de rodillas y la veneraron.

Con el propósito de trasladar la citada imagen al barco y conducirla a la Península, trajeron del navío un cofrecito para depositarla con todo respeto y reverencia en la bodega. Seguidamente, el capitán dio la orden de retroceder al territorio peninsular para dejar la imagen, y para tal fin levaron las anclas e hincharon las velas, pero la nave no se movió. Sorprendidos, los marineros vieron como en tierra, junto a la cueva donde había aparecido la Virgen, múltiples palomas revoleteaban alrededor e iban y venían al barco, hasta que colocada la imagen en la cubierta éstas la cubrieron con sus alas, queriéndola transportar a tierra con sus picos.

Ante lo sucedido, el capitán determinó devolver la imagen a su primitiva cueva, como así lo hizo, y poner la proa hacia la Villa de San Sebastián, donde comunicó la noticia, que se propagó por todo el vecindario. Éste de inmediato se dirigió a Puntallana y veneró la imagen colocándola en un rústico y sencillo albergue que improvisaron”.

Esta ermita que ya existía cuando el obispo Fray Alonso Ruiz de Virués visitó en 1.542 a La Gomera, y la dio por bien edificada como si se hubiera hecho o edificado con licencia del ordinario…”.

Fue a esa protectora a la que respetaron los aborígenes de la Isla considerándola como ese faro o talismán que los cubría y protegía de aquellas grandes erupciones, que por entonces el Teide arrojaba, en la vecina Isla de Tenerife y de las que ellos se sentían protegidos.

Ese fue el verdadero milagro que obró la Virgen el hacerse querer y respetar por aquellos humildes pastores, hasta el punto que jamás atentaron ni contra su imagen ni contra la pequeña cuevita en la que se hallaba. Y puede ser que la curiosidad de los marinos de otras embarcaciones castellanas postreras, quienes al avistar desde la mar aquel reducido tabernáculo que albergara algo tan valioso para aquellos nobles y primitivos pastores gumeritas, decidieran, dando respuesta a su curiosidad, acercarse a la orilla y movidos por su respeto y admiración a la imagen, intentaran llevársela de aquel inhóspito paraje para darle culto mariano en templo más digno.

Y he ahí la reticencia de Nuestra Señora a abandonar aquel lugar y su deseo de quedarse allí donde tan dignamente era tratada por ese sencillo pueblo gomero, quien a partir de entonces evoca el recuerdo de este singular suceso que deseamos perviva en el tiempo y es así como recordando algunas estrofas de su himno entresacado de los bellos poemas del Padre José Arteaga de Torres, seguimos siglo tras siglos repitiendo:

“… Tú que del cielo y tierra eres Señora
Sé de tus pobres hijos la Protectora…”

“… Nunca estás solitaria en Puntallana
Que el corazón Gomero está a tus plantas…”

“… Y por Reina y Señora, feliz te aclama
Virgen de Guadalupe, la Gomerita de Puntallana..”

Manuel J. Lino Armas Herrera

(Manolo Lino)

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